Es el primer muro con el que choca todo el mundo. Abres LumaDeck, los visuales se mueven solos… pero no van con tu música. Normal: todavía no le has dado de oír. Esto se arregla en cinco minutos, y solo hay que entender una cosa.
LumaDeck no reproduce sonido: lo escucha. El motor analiza la señal de audio en tiempo real —la energía, los graves, el golpe— y con eso mueve los shaders, dispara los acentos y hace que la pantalla respire al ritmo de lo que estás pinchando. Sin una fuente de audio conectada, SYNC aporta un beat interno al BPM que marques.
Así que el trabajo de hoy es uno solo: decirle a LumaDeck de dónde escuchar.
El Master mantiene SYNC junto a un solo botón Audio. Abre Audio para elegir micrófono, interfaz o entrada del sistema; SYNC también aparece como primera opción del selector.
La idea clave, y la que desatasca a casi todo el mundo: LumaDeck escucha entradas de audio, no la salida de tus altavoces. Oye por el micro, o por lo que le llegue por un cable o por una entrada del sistema. Con eso claro, elige tu caso.
Abre Audio, elige el micrófono integrado, da permiso al navegador cuando lo pida y sube el volumen de la sala. El micro del portátil capta la música del ambiente y LumaDeck empieza a moverse con ella. Es el plan B más rápido. La contra es que también capta conversaciones, reflexiones y todo lo que sucede alrededor.
Si tienes una mesa o una controladora, la señal más limpia sale de ahí. El montaje típico: una salida de tu mesa (o el booth/rec out) entra en una interfaz de audio USB, la interfaz se conecta al equipo, y en LumaDeck abres Audio y eliges esa interfaz. Así LumaDeck recibe el programa directamente, sin mezclar el sonido de la sala.
En un directo, tira siempre de Line desde la mesa. Deja el micro como red de seguridad para cuando llegas a una cabina que no conoces y no tienes tiempo de cablear nada.
Este es el caso que atasca a más gente. Estás pinchando desde el mismo equipo donde corre LumaDeck —tu software de DJ, una lista, lo que sea— y quieres que los visuales vayan con eso, sin sacar el sonido por un altavoz para volver a meterlo por el micro.
El truco es un puente virtual: un pequeño programa que coge la salida de tu ordenador y la presenta como si fuera una entrada de audio. Una vez instalado, aparece en el selector Audio como un dispositivo más, y LumaDeck lo escucha igual que a una interfaz. Cada sistema tiene el suyo:
Muchos equipos ya lo traen: haz clic derecho en el icono de sonido → Configuración de sonido → Más opciones de sonido → pestaña Grabar, y activa Stereo Mix (Mezcla estéreo). Si no aparece, un puente gratuito como VB-Cable, o Voicemeeter si quieres enrutar varias fuentes, hacen el mismo trabajo. Luego, en LumaDeck: Audio → eliges Stereo Mix (o el cable).
macOS no deja capturar el sonido interno de fábrica, así que se usa un puente. BlackHole es gratuito y el estándar: lo instalas, creas un dispositivo de salida múltiple para seguir oyendo por tus altavoces y mandar la señal a BlackHole a la vez. En LumaDeck: Audio → BlackHole. Loopback hace lo mismo con más control si lo prefieres.
Aquí lo tienes de serie. Cada salida de audio expone un Monitor que es, literalmente, lo que está sonando. Abre pavucontrol (o qpwgraph para enrutar a mano), y en la pestaña de grabación asigna a LumaDeck el monitor de tu salida. En LumaDeck: Audio → el monitor. Cero programas de pago.
En cuanto la señal entra, el medidor de audio y el espectro empiezan a moverse con la música, y los visuales reaccionan a la energía y al golpe de cada tema. Si eso se mueve con tu sesión, LumaDeck te está escuchando. Si no, revisa el dispositivo elegido en Audio y confirma que recibe señal en el mezclador del sistema.
Mic y Line reaccionan a la señal que reciben. SYNC sigue el BPM que marques sin escuchar la sala. Elige la ruta que encaja con el montaje y prefiere Line cuando controles la señal de cabina.
Abre LumaDeck, conecta tu audio y monta tu primer visual. No hace falta registrarse.
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